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lunes, 15 de julio de 2013

BBKlive: La fiesta de la música en Bilbao

Nuestra incursión en tierras vascas, rumbo fijo al BBKlive comenzó con una triste llamada en el autobús de camino que tiñó de tristeza mis días en el festival y por eso desde aquí mando un profundo abrazo a Lorenzo si acaba leyendo esta crónica.

Fueron 5 días los que pasé en Bilbao, de miércoles a domingo, disfrutando de las posibilidades que brinda este festival anual y aprovechando al máximo cada minuto de música. La bienvenida nos la concedió una cola de más de una hora el miércoles por la tarde para subir a los autobuses lanzadera que transportaban a los asistentes al monte Kobetamendi. Esta espera fue un anticipo de lo que iban a suponer los desplazamientos entre el camping y la zona de conciertos durante el resto de días. Pero ya estábamos allí, con nuestra tienda montada, un sol de justicia y un ambiente inmejorable y notablemente salpicado de guiris entusiasmados con el cartel de este año. Y no era para menos. 

Panorámica de la campa el Sábado

Casi como un suspiro pasaron los días entre autobuses, escenarios y tiendas de campaña. Desde el jueves hasta bien entrada la noche del sábado la organización del festival programó una amplia escaleta de conciertos con una nada desechable lista de artistas a actuar, una lista de la que hubo que hacer una exhaustiva selección. Tuvimos que tomar desde la noche del miércoles la decisión de a qué grupos ver teniendo en cuenta las únicas variables de la calidad de unos y otros y de lo cerca que pretendíamos estar del escenario en cada concierto. Pero tampoco os descubro nada, ávidos lectores, más experimentados (seguro) que yo en este mundo de los festivales. Porque antes de que escriba más líneas he de decir que éste ha sido mi primer festival desde que mi madre me trajo al mundo en una tarde de abril. Una vez aclarado esto, y después de haber perdido un considerable número de lectores por mi osadía, vamos a hablar de música.

Y lo haré en orden cronológico para permitiros revivir estos cuatro días lo más ordenado posible.

EL JUEVES

Biffy Clyro durante un concierto en el BBKlive - binaural.es

Eran las cuatro y media de la tarde y apenas habíamos dormido entre las canciones de los más trasnochadores que me hicieron cantar en sueños una versión de Otherside de Red Hot Chili Peppers. Aún así bajamos en bus a la zona de conciertos para hacer algo de cola y poder ver a Billy Talent en primera fila, algo que conseguimos sin dificultad no sin antes tener que escuchar a Toy. Un grupo inglés que apenas saludó al público cuando salió al escenario Heineken. A partir de ahí comenzó un episodio de oscurantismo musical que si bien no gustó no fue por una impresión personal sino por la escasez de recursos que estos cuatro cinco músicos muestran en escena. Mientras el resto de madrugadores disfrutaban de Alt-J, unos cuantos aficionados a los de Toronto, (Ontario, Canadá) esperábamos impacientes los saltos del carismático Ben que a las ocho menos diez iluminaba el escenario para cantar durante poco más de una hora los temas más conocidos de Billy Talent, donde no faltaron clásicos como Fallen Leaves o Surrender ni algunos de los mejores del nuevo álbum como Surprise, Surprise o Viking Death March. Pero de la exhibición de este grupo yo me quedé con Devil on My Shoulders y la mitquísima Red Flag. Estos innovadores del punk-rock convencieron, sus coros emocionaron y aprobaron con nota su paso por el festival no sin antes recomendarnos el concierto de Biffy Clyro que actuaría esa misma noche tras Depeche Mode. Y un servidor que no conocía a este cuadro de escoceses no tardó en acudir a la cita, no sin antes escuchar a L.A en la carpa Vodafone yu: y a los cabeza de cartel de aquel jueves de julio. 

Y esos no eran otros que los inagotables Depeche Mode que ofrecieron un concierto muy interesante en cuanto a lo visual. Su carencia de energía, solo salvada por los estrambóticos bailes de Dave Gahan, la complementaron con un acompañamiento audiovisual excelente. Vídeos, juegos de imágenes y color contribuyeron a endulzar un concierto que se basó en lo minimalista del Delta Machine y un amplio repertorio de temas lentos, al piano que pusieron los pelos de punta a más de uno. Son grandes, lo han demostrado en numerosas ocasiones y su historia les precede, pero a nosotros nos interesaba más la música que proponía Biffy Clyro (aunque yo todavía no lo sabía). 

Llamadme ignorante y no estaréis lejos de la verdad. No conocía a Biffy Clyro y la única referencia que tenía era la desacertada frase "solo he escuchado Bubbles pero suenan cañeros para ser un grupo de modernos". No se qué pensarán el resto de asistentes pero para mi fue el concierto del día y casi casi del festival. A la introductoria frase "Hello, we are fucking Biffy Clyro" (o algo por el estilo) una especie de torrente de distorsión y batería nos sacudió totalmente y nos quedó claro que las recomendaciones de la Rock Zone y de Billy Talent no eran baladí. No me sabía ni una canción así que no os puedo decir qué tocaron pero sí que hasta al final de la zona del escenario Heineken la gente se volvió loca con ellos cantando y saltando. No fue solo una impresión solo mía, la propia banda escribió en sus redes sociales tras el concierto algo así como "¿Qué os han puesto en la bebida del BBK? Esto ha sido una pasada" y de verdad que lo fue. El momento del concierto, para mí, fue ver pompas de jabón flotando en el cielo cuando sonó Bubbles. 



Quizá fue la euforia que transmitieron los escoceses que Two Door Cinema Club me pareció una auténtica decepción. Hay que decirle a Alex Trimble que lo de salir a tocar en traje, con un anillaco en el dedo y una copa de nosequé puede quedar muy posh pero que hace falta algo más para sorprender en un festival. No hubo comunicación con el público y sus canciones no llenaron la campa. Faltos de fuerza nos quedamos hasta el final solo para bailar el What You Know. Y a la cama (o a la esterilla).

EL VIERNES 

Kings of Leon - Rolling Stone

No nos dimos prisa en bajar en el que para muchos era el peor día en cuanto a cartel de todo el festival. Pero teníamos ganas de ver a The Vaccines y no nos colocamos en mal sitio. Tocaban en el escenario grande y fue un acierto. Desde el primer momento pudimos adivinar las intenciones de estos artistas ya consagrados en el mundo del indie-rock. Y las intenciones eran buenas porque le pusieron las ganas y la fuerza necesarias para que brillaran en aquella tarde Wetsuit, Post-break up sex o Teenage Icon. Lo que no pudimos adivinar fue que la tormenta iba a obligar a suspender el concierto. Una auténtica lástima para muchos fans y para los propios músicos que bajaron a saludar al público directamente como compensación a las inclemencias del tiempo. Nos quedamos con ganas de más pero no podemos poner ninguna pega a lo que demostraron encima del escenario. 

La lluvia arreciaba y la gente buscaba refugiarse en cualquier lugar cubierto. Y el lugar más recurrente fue la carpa Vodafone yu: que estaba hasta arriba cuando llegamos a resguardarnos de la lluvia. Lo que para The Vaccines fue una auténtica putada, para Fuel Fandango fue una suerte que les regaló un escenario abarrotado. Y no fallaron, se salieron, como siempre. Parece mentira que de un grupo que mezcla tantas cosas aparentemente incompatibles pueda salir un sonido tan depurado con esa fuerza en directo y con esa emoción. Lo de la emoción se lo deben casi enteramente a Nita que conquistó a todo el público con sus quejidos flamencos y su voz. 

Y de ahí directos a Kings of Leon. He de decir que el perderme a Gary Clark por coincidir en el horario con Fuel Fandango no me va a restar de recomendarles porque según los asistentes fue otra de las sorpresas del día y del festival. 

La magia que pusieron en escena Fuel Fandango fue quizá lo que les faltó a Kings of Leon que no tuvieron ni un error en cuanto a la ejecución de sus temas pero que no llegaron a transmitir lo que una banda de su renombre debería de transmitir. Es verdad que no son conocidos por su apabullante directo pero el BBKlive pedía algo más, movimiento, emoción. Y solo la rozaron en  los clásicos: Use Somebody y Sex on Fire. Lo demás fue una plana explicación de lo que significan sus discos. A nivel de composición las canciones son temazos, pero ellos no supieron demostrarlo en directo. 

Para evitar colas y prepararnos para un sábado que se prometía muy cansado nos fuimos hacia el camping sin escuchar a Pil de los que me han llegado críticas de lo más diversas. Para algunos un auténtico conciertazo y el descubrimiento, para otros una basura que no se merecía el escenario grande ni ese horario. Como se suele decir en estos casos, las opiniones son como los culos, cada uno tiene el suyo, y el mío se fue a dormir sin poderos contar nada más del viernes. 

EL SÁBADO

Fans de Green Day durante su concierto en el BBKlive el pasado sábado - RTVE

Y al tercer día, llegó el sábado. Bendito sábado que nos despertó con una temperatura mucho más agradable que la de días anteriores. Una duchita en los barracones habilitados por la organización del festival, sandwhichs de york-queso y para abajo de nuevo. He de decir que bajamos muy pronto, o eso pensé yo cuando montamos en el autobús. Pero hubo gente que bajó más temprano. Corren rumores que hablan de gente que hizo noche en la entrada. A la espera de confirmaciones, solo rumores. Lo que si es cierto es que no éramos ni por asomo los primeros. Cuando llegamos ni siquiera habían abierto el recinto previo a la entrada. Era la una y las camisetas de Green Day se multiplicaban en la colina del Kobetamendi. Ambiciosos nosotros queríamos coger las primeras filas para no perdernos nada de aquella noche. Estar en las primeras filas de un concierto siempre conlleva algunas pegas: aparte del calor, el agobio y la incomodidad, el sonido no siempre es el óptimo y pierdes la perspectiva de lo que pasa detrás de ti. Pero aporta otras, y una de esas cosas es el conocer más de cerca el ambiente de los aficionados al grupo que vas a ver. También puedes apreciar como la organización flaquea en momentos críticos, y aquella cola de primera hora de la tarde fue uno de esos momentos. Demasiada gente en poco espacio provocó algunos desmayos y la necesidad de ambulancia, algo que se podría haber evitado con un mayor número de activos de seguridad y organización para no hacer de la cola una masa difícil de manejar. Lo único que el festival pudo ofrecer fue a un único trabajador (luego se unieron dos más) desgañitándose por organizar a tanta gente y por evitar que los más aprovechados lograran colarse. 

Pero abrieron las puertas y hubo más sitio para la cola hasta que a las 6 abrieron el recinto de conciertos. Salimos corriendo, todos. Ansiosos por ver a la banda de nuestra adolescencia nos apilamos en torno al escenario central bastante bien colocados y dispuestos a esperar unas 5 horas más para oír la voz de Billie Joe. Bien es verdad que todo esto parece muy groupie y lo entiendo pero sigo insistiendo en que desde esa perspectiva se aprecian muchas cosas que desde lejos resulta imposible. La espera nos la amenizaron en primer lugar Jammie N Commons, otra de las sorpresas del festival que nos erizaron el vello del cuello con los solos de guitarra y la aterciopelada voz del cantante. Muy buenos. Luego tocó una larga espera hasta las ocho menos diez cuando iban a aparecer en escena los carismáticos The Hives que arrasaron literalmente el escenario. Con un español más que aceptable Pelle Almqvist hizo de maestro de ceremonias en lo que se convirtió desde el minuto 1 en una verdadera locura musical. Una fiesta. Con trajes de mariachi este grupo sueco dejó claro el por qué de su fama. Locura desenfrenada que tuvo su cúlmen en la canción Tick Tick Boom. No hubiera sido lo mismo el concierto de The Hives sin sus usuales 'Ninjas' que pusieron el escenario apunto, cambiaron y afinaron guitarras e incluso se animaron con algún que otro coro en las canciones. Entraron dentro de mi top5 del festival de cabeza. 

Y como todo cerdo tiene su San Martín y este refrán no viene a cuento para lo que voy a decir, el sábado también tuvo su "concierto negro" y ese fue el de Vampire Weekend. Es como si uno va a comer a un restaurante, de primero le ofrecen un excelente solomillo con patatas de guarnición y de segundo le ponen un puré de acelga revenido (lo siento por aquellos fans de las acelgas). Igual me estoy pasando pero las comparaciones son odiosas y más si comparamos a The Hives con Vampire Weekend. Y no es que no les hubiese escuchado en disco, de hecho tenía ganas de verles pero fue aparecer en el escenario y darme cuenta de lo pobres que son en directo. Entre las asincrónicas coreografías de un bajista con poco gusto para vestirse, la inexpresividad del teclista y la poca energía de Ezra Koenig las canciones sonaron flojas, faltas de alma e incluso más aburridas que en el disco. Tienen muchas cosas que mejorar y seguro que no ayudó que las 30 primeras filas fueran exclusivamente fans de Green Day. Aún así nos divertimos con el estribillo de Horchata. 

Olvidamos rápido la decepción de Vampire Weekend para centrarnos en lo que llevábamos esperando todo el día (algunos todo el festival). La espera fue tensa porque muchas de las fans adolescentes no aguantaron semejante cantidad de horas y les dio por sentarse. Con tal cantidad de gente, aquellas jóvenes, pueriles en su juventud, provocaron una ausencia de espacio aún más acusada si cabe despertando la ira de los más irritables que apelaron al espíritu Punk para denunciar su comportamiento y pedirlas que se levantaran. Un mero incidente que no eclipsó la entrada de el conejo rosa que introduce siempre a Green Day cantando Hey Ho, Let's go. Además entonamos a coro Bohemian Rhapsody y silvamos El bueno, el Feo y el Malo, típica antesala de los conciertos de la gira 99 revolutions. 

Y allí estaban, o al menos eso intuí por los gritos porque una pancarta me tapó la entrada de los cuatro señores que llevan revolucionando el punk rock desde los noventa. Y digo cuatro porque por fin pudimos ver a Jason White (guitarra solista) como miembro oficial de la banda. Y en referencia a lo que es el concierto, Green Day arrasó desde el principio, desde los primeros compases de 99 revolutions. Abrasaron las primeras filas y a las más de 37.000 personas que se habían congregado aquella noche en Bilbao para verles. Y no creo que ninguno quedara decepcionado. Billie Joe es sin duda uno de los mejores amenizadores que se han subido a un escenario de toda la historia y además toca la guitarra y canta. La primera hora se pasó volada entre saltos y momentos para echar alguna lagrimita como con Boulevard of Broken Dreams o una de las sorpresas de la gira Wake Me Up When September Ends que apenas habían tocado este año. Luego de tocar algunos temas de los últimos tres discos, lanzados este años, una consecución de antiguos temas deleitó a los fans más antiguos y enamoró a algunos de los más jóvenes que a juzgar por sus caras nunca los habían escuchado. Y así marchó la noche, canción tras canción y animando hasta el más tímido. Pero sin duda hubo varios momentos para destacar por encima de todos. El primero fue el Know Your Enemy, donde Billie Joe sacó al primer fan de la noche a cantar y luego le invitó a saltar a la multitud ante el asombro de muchos desconocedores de las prácticas del cantante del cuarteto de Oakland. El segundo fan salió a cantar, como de costumbre, la tercera estrofa de Longview y se llevó de regalo una guitarra, un beso a la guitarra de Billie y otro en la boca del cantante además de el respectivo salto a la multitud. El segundo momento fue King for a Day, como en cada concierto. Salen disfrazados y la lían gordísima. El sábado además nos regalaron un solo de saxo que emocionó a toda la campa. Y el tercer momento llegó al final. Los seguidores de esta banda saben de la costumbre de Green Day de acabar con la canción Time of Your Life (Good Riddance) del disco Nimrod. Una costumbre que había sido eliminada este año ante la decepción de muchos fans. Pero el sábado, después de más de dos horas de épico concierto, y tras acabar Brutal Love, todos abandonaron el escenario y una acústica apareció, portada por Billie que comenzó a tocar los acordes de Time of Your Life ante la emoción del público. Una guinda perfecta para un concierto que tuvo de todo y que hasta los más alejados del tipo de música hubieron de reconocer la fiesta que montaron aquella noche. Eso sí, entre sus idas y venidas por el escenario, Billie Joe tuvo tiempo para recordar la esencia de lo que son, un grupo que además de tocar, cuenta con unas letras de gran sentido crítico. Mezcló el punk-rock con algún que otro discurso en el que nos recordó apagar la televisión y los teléfonos móviles para empezar a "amar y disfrutar".

Billie Joe y Mike Drint durante el concierto

Y así acabó el festival para mi aunque muchos se quedaron toda la noche a escuchar a Fatboy Slim. 

El festival dejó muchas cosas tras de sí. Para mi como primera experiencia de este tipo muchas alegrías pero también hubo muchas quejas respecto a la organización. A un cartel excepcional le faltó una coordinación de los elementos esencial para asegurar el disfrute de los asistentes. La desorganización comenzó por la colocación del nuevo sitio de acampada que requirió el uso de buses de transporte, un servicio que en los primeros días se vio sobrepasado por las circunstancias y por la ingente cantidad de gente. Además, aunque todo esto es opinable, fueron muchas las voces que se quejaron de que grupos como Biffy Clyro (cabeza cartel en festivales internacionales) fuesen colocados en el escenario Heineken en vez del principal. 

Por lo demás pudimos asistir a un festival que supo combinar dos tipos de público muy diferenciados. Aquellos acostumbrados al punk-rock y a la distorsión en el escenario y aquellos otros más inclinados hacia el indie internacional que fueron los protagonistas en la edición de este año por la abundancia de grupos de este tipo en el cartel.

Y con esa impresión nos fuimos, tienda recogida y habiendo conocido a personas de muchas nacionalidades, cada una con una historia diferente, con gustos diferentes y en una tienda de campaña diferente. Porque la magia de estos festivales reside, más allá de los grupos, en la convivencia con tantos miles de personas que hacen de las montañas y paisajes de las ciudades, un perfecto lugar para pasar unos días de verano en un festival de música.  


Alberto Ortiz

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